lunes, 2 de septiembre de 2013

Los "rankings" de universidades: una visión crítica

Fuente: European Southern Observatory  (Creative Commons) 

En los últimos años se han puesto de moda los estudios estadísticos sobre "rankings" universitarios. Han sido unas pocas instituciones públicas y principalmente privadas las que se han aventurado a medir de forma cuantitativa el prestigio investigador, docente y el rendimiento académico de nuestras universidades. Pero, ¿qué hay de realidad y de mito tras estos "rankings" de la enseñanza superior?  Es cierto que estos estudios son realizados por empresas e instituciones de cierto rigor científico a la hora de proponer las variables objetivas a considerar, por lo que no es de menospreciar la calidad investigadora de las personas implicadas y las técnicas estadísticas usadas. El problema surge cuando en ellos se consideran factores metodológicos que no son unánimes a todas las universidades, siendo la medida sesgada en favor de aquellas que tienen más volumen de éxito en el conjunto de sus estudiantes y del cuerpo docente. Es obvio que las discrepancias entre "rankings" (tanto nacionales como internacionales) son bastante llamativas, además la falta de aplicabilidad de los criterios a todas las universidades y los datos interpretados según la conveniencia de algunos hacen que ningún "ranking" sea enteramente fiable. En el caso de la UNED, en el que la tasa de abandono oscila en torno al 60-70%, siendo muy pocos los estudiantes que logran titularse con éxito, estos "rankings" no hacen justicia a los parámetros de volumen de alumnos y tasa de rendimiento del conjunto de estudiantes que finalizan sus estudios. En conclusión, la UNED es una institución superior docente que cuenta con unas características de enseñanza, investigación y aprendizaje peculiares (a distancia y mediante Internet) que difiere de los tópicos y baremos aplicados a otras universidades. Es por ello por lo que estos estudios deberían definirse con más rigor científico para este tipo de universidades y considerando las variables plenamente objetivas que son intrínsecas a ellas. Por otro lado los estudios realizados por diversos organismos privados no exponen de forma clara y precisa las técnicas ni las características metodológicas utilizadas en sus estudios, por lo que es muy difícil verificar o corroborar su exactitud.

Finalmente, y citando el artículo de [Martínez Rizo]: «contra lo que pretenden los medios de comunicación que patrocinan muchas de estas iniciativas, los rankings de programas particulares tampoco son apropiados para orientar a los futuros estudiantes en la delicada tarea de escoger la institución y programa en que tratarán de ser admitidos. Si se tiene en cuenta que no existe la mejor universidad ni el mejor programa en absoluto, sino que hay programas más o menos adecuados para ciertos aspirantes, se entenderá que los rankings más conocidos no sustituyen a un buen sistema de orientación vocacional».

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